Lucas Osorio, Socio Director de Hogan Lovells Madrid y árbitro de CIMA: A veces no se entiende que el árbitro sea independiente de las partes aunque sea elegido por ellas”

Nuestro protagonista de esta entrevista fue uno de los ponentes en una de las mesas más seguidas en el pasado Legal Management Fórum, no en vano Hogan Lovells ha mantenido como firma un crecimiento importante en los últimos años, con especial referencia a la oficina de Madrid que él dirige. “Ha sido un evento muy interesante al que han acudido profesionales del sector legal de diferentes ámbitos, eso le ha hecho más enriquecedor si cabe”, aclara Lucas Osorio, abogado del Estado en excedencia, experto en Corporate y desde hace año y medio responsable de dicha oficina. A su juicio, en los próximos años este evento de la abogacía de los negocios tendrá que evolucionar y ocuparse de otros asuntos tales como la resolución extrajudicial de conflictos, la problemática del abogado inhouse “sería bueno encontrar puntos comunes entre los despachos y las empresas en este tipo de jornadas”, aclara. Osorio también es árbitro y miembro del Comité de Gobierno de CIMA, entidad que patrocinará el área de arbitraje de la UIA, evento que tendrá lugar del 28 de octubre al 1 de noviembre y del que nuestra publicación es medio oficial. Precisamente este jurista tendrá una ponencia sobre marcas y deporte el próximo viernes 30.

Usted ha participado en este último Legal Management Fórum donde ha hablado del crecimiento fuera de lo normal de Hogan Lovells en tiempo de crisis. ¿Dónde ha estado la clave de esta expansión?

Más que hablar de una respuesta hay que hacerlo de una serie de elementos que confluyen en el tiempo. Lo primero que haré será separar el crecimiento de la oficina de Madrid del despacho a nivel global.

En España en estos once años de existencia hemos crecido muy rápidamente hasta rondar los cien abogados en la actualidad. Cuando me incorporé al despacho éramos diez socios, cifra que se ha incrementado a diecinueve.

Sobre las claves prefiero citarle tres palabras que tienen mucho que ver entre sí: Prudencia, Equilibrio y Valentía. La prudencia tiene que ver con las incorporaciones que haces y que en nuestro caso tuvimos que realizar para la impulsar la firma.

Respecto a la valentía tiene que ver con decisiones que tomas y que son estratégicas. Todo lo que estamos hablando ahora debe tener un equilibrio, tanto a nivel de práctica como en la relación entre promoción interna y esos fichajes de los que antes le hablaba.

¿Y a nivel internacional?

En esa perspectiva global hay que mencionar dos factores.  Una tiene que ver con la fusión que se realizó hace seis años  entre el bufete Hogan & Hartson, con sede en los EE. UU. y el bufete Lovells con sede en el Reino Unido lo que nos hizo convertirnos en uno de los diez proveedores mundiales de servicios legales.

Desde ese momento supimos gestionar muy bien esta fusión para impulsar el concepto de firma única en toda nuestra organización. No fue fácil pero lo hemos logrado con nuestro expertise. Esa firma única tiene una dirección única aunque las oficinas cierta su autonomía, lo que se traduce en un nivel de calidad de prestación de servicios importante, entre otros factores.

No es fácil posicionarse en el mercado español pero Hogan Lovells lo ha conseguido.

Hemos trabajado muy duro para lograrlo. Al mismo tiempo hemos buscado el equilibrio entre el despacho internacional y el local. La firma es evidente que es internacional pero hicimos una apuesta fuerte por contar con profesionales nacionales de prestigio en España, algunos de los cuales son socios de la firma en estos momentos.

“La existencia de tantas entidades arbitrales en nuestro país  puede afectar a la calidad de los laudos. Creo que no le oculto que sería deseable una concentración de instituciones arbitrales en los próximos años.”

¿Qué les atrajo a estos profesionales de su proyecto como bufete?

Varios factores, sin duda. Lo primero el que fuéramos una firma internacional claramente, ese es un atractivo importante. Al mismo tiempo creo que el despacho transmite para fuera muy buen ambiente de trabajo interno con profesionales proactivos.

Al final esta frescura que emana de todo lo que le comento es un acicate para trabajar con nosotros.  En estos momentos, ya somos un despacho consolidado con interesante proyección global. Creo que la poca rotación que tenemos se debe a que nuestros profesionales están bien incentivados a seguir trabajando con nosotros.

Usted es árbitro en cuestiones de importancia y forma parte de la Comisión de Gobierno de CIMA, Corte de Arbitraje Civil y Mercantil, ¿cómo se gestiona desde esta firma multinacional la práctica del arbitraje?

La práctica del arbitraje está consolidada a nivel interna y es responsabilidad de José Luis Huerta en la oficina de Madrid. Respecto a mi persona, la experiencia ha sido como árbitro desde hace muchos años.

A nivel internacional hemos logrado este reconocimiento en la práctica arbitral. Contamos con un equipo muy potente en diferentes jurisdicciones, especialmente en arbitraje de inversiones tanto en Miami, París y recientemente en México.

¿Cómo se le plantea a la empresa que acuda a la via arbitral, sabiendo que ésta es una práctica aún poco habitual a nivel general?

Hay que hacer un esfuerzo importante para que las empresas conozcan el arbitraje  y sus valores  e incluyan las cláusulas de arbitraje en los contratos. En los últimos años se nota más actividad en este sentido y que las propias firmas advierten las ventajas de la práctica arbitral.

 Nadie duda que para los grandes asuntos u operaciones en el exterior es clave el arbitraje. Sin embargo hay mucho que hacer aún en la pyme y empresas medianas. De momento ahí no llega, pero llegará sabiendo cómo están nuestros juzgados y la rapidez de esta práctica.

Desde fuera, da la sensación que el papel de los árbitros en estos procedimientos son claves a la hora que las empresas repitan en el arbitraje.

El árbitro es un profesional independiente pese a que sea elegido por las partes. Todavía en muchas empresas se habla del concepto “su árbitro” que es contraproducente para el desarrollo de esta práctica.

En esta tarea de pedagogía es fundamental que las Cortes Arbitrales sean solventes y expliquen a las partes cuál es el papel de los árbitros.  Es fundamental que se aclare este concepto porque una mala experiencia en un arbitraje hace que las empresas desistan de acudir a este camino.

En España, se advierte que en unos años el número de Cortes Arbitrales que hoy existen serán bastante menos a medio plazo.

Esa es la tendencia que se adivina desde la propia reestructuración del mercado arbitral. Ahora la existencia de tantas entidades arbitrales puede afectar a la calidad de los laudos. Creo que no le oculto que sería deseable una concentración de instituciones arbitrales.

Antes del verano hemos conocido diversos fallos del TSJ de Madrid que han anulado diferentes laudos. ¿Cuestión puntual o realmente es para preocuparse por este asunto?

Ese es el ya famoso orden público económico que ya conocemos todos los que trabajamos en la práctica arbitral. Por lo que hablo con algunos colegas el sector está preocupado aunque particularmente tengo la sensación que es algo puntual.

Los laudos anulados se encuentran en un contexto muy determinado por las preferentes y otros productos financieros complejos  y da la sensación que ha podido haber alguna influencia mediática en estos temas.

 Con posterioridad ha habido sentencias de los mismos tribunales que con otra tipología de asuntos mantiene un criterio de estable de no reabrir por razón del fondo del asunto otros laudos.

Respecto a las tendencias del arbitraje, colegas suyos apuestan por las cláusulas medarb, escalonadas, primero sobre mediación y luego a arbitraje.

Es una tendencia nueva que cada vez se emplea más. Sin embargo no veo que haya una relación directa de su uso para que las empresas acudan al arbitraje.  Lo veo más como una opción que realmente una tendencia como usted apunta para acudir a la práctica arbitral.

Atractivos para acudir al arbitraje puede ser la segunda instancia o la posibilidad de apelación que CIMA incorpora en su Reglamento desde la última reforma.  Esta institución arbitral hizo una consulta con empresas de diferentes sectores y advirtieron que la apelación podría ser un tema recurrente.

A medio plazo, ¿podrá haber algún punto de encuentro entre el arbitraje internacional tradicional y el de inversión, que ahora llevan caminos paralelos?

Veo complicado que estas dos prácticas confluyan. Son muy diferentes sobre todo por los sujetos que participan en la misma. Tenga en cuenta que en el arbitraje de inversión uno de los participantes es un Estado, de ahí de la transparencia del proceso y la posibilidad de consultar los laudos una vez emitidos.

Sería, no obstante, deseable algunos estándares de confluencia entre procedimientos, actuación, pero no será fácil, desde luego.  Luego, como ya le he comentado la tipología de conflictos es muy diferente.

Desde fuera, sorprende la evolución de CIMA en estos sus primeros veinticinco años, una entidad arbitral que se ha posicionado como una de las referencias a nivel nacional e internacional de este sector.

La evolución de CIMA en el panorama arbitral tiene mucho mérito. No olvide que es de las pocas instituciones arbitrales que está sustentada por sus socios y sus aportaciones privadas, sin ayudas o subvenciones directas o indirectas.

Su consolidación es evidente como institución arbitral y es reconocido dentro del sector el prestigio de sus árbitros. Es una Corte prudente, seria, rigurosa y estable a lo largo de su primer cuarto de siglo.  Ahora, el futuro pasa por su internacionalización, cuestión que no es sencilla para nadie.  Se trata de tener un nicho de mercado y un producto específico.

Así lo ha hecho la London Court, centrada en conflictos de empresas en materias anglosajonas, la propia ICC de París para asuntos internacionales o el CIADI especializado en temas de inversiones.

En el caso español, el nicho parece apuntar a Iberoamérica y conflictos entre empresas a ambos lados del Atlántico. También el área mediterránea está a falta de una institución arbitral solvente del Norte de África hasta el Sur de Europa.

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